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Lineamientos Misión
Escrito por Luis Pimentel   
Sábado 27 de Febrero de 2010 23:43

"Con Amor y Fe manifestemos la Justicia de Dios"

El Movimiento Testimonio y Esperanza a nivel nacional tiene como una de sus principales actividades de formación, pero sobre todo de Evangelización, las Misiones de Semana Santa, que se realizan año con año en comunidades necesitadas de distintas diócesis de nuestro país.

 

Ante la necesidad de una Nueva Evangelización, tan promovida y urgida por Juan Pablo II y objetivo claro de S. S. Benedicto XVI,  y como jóvenes que se han comprometido en una ferviente lucha para lograr la Civilización del Amor, es indispensable formar verdadero líderes católicos que sean capaces de guiar a otras almas para llevar la palabra de Dios y el testimonio Cristiano a aquellos lugares en los cuales es necesario colaborar con la misión evangelizadora y salvífica de la Iglesia.

Es por eso que queremos, con el presente documento, dar una guía para que los encargados de coordinar y llevar  a cabo la Misión puedan basar toda su acción a la luz del Espíritu Santo y con un profundo amor al trabajo que nos ayude a contribuir eficazmente a la cosecha en la Viña del Señor.
 
LA MISIÓN

La acción misionera de la Iglesia es una tarea de particular importancia y resulta primordial en nuestro continente y en particular en nuestro país por su vocación histórica. Es por eso, que como laicos comprometidos,  y dando la respuesta que nos corresponde de acuerdo a la misión y objetivos de nuestro Movimiento, pero sobre todo como cuerpo místico de Cristo, debemos “tomar conciencia de la urgente necesidad de impulsar nuevamente la acción misionera ante los múltiples y graves desafíos de nuestro tiempo” y contribuir con esta tarea, pues el mismo Jesucristo fue quien encomendó este mandato a los apóstoles antes de su ascensión: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20).

Partiendo de este sustento, y convencidos de que “el mandato misionero encomendado por Cristo a los Apóstoles nos compromete a todos”, el Movimiento Testimonio y Esperanza trabaja por llevar la Palabra de Dios y en particular la vivencia de Cristo en la Eucaristía a los lugares en los cuales es más evidente la premisa de que “La mies es mucha y los trabajadores pocos”  (Mt 9, 37). Es así que nos comprometemos como movimiento que lucha por la Civilización del Amor, confiados en que “En la ardua labor de evangelización nos sostiene y acompaña la certeza de que Él, el Dueño de la mies, está con nosotros y guía sin cesar a su pueblo. Cristo es la fuente inagotable de la misión de la Iglesia.

En comunión con la Iglesia y sabedores de la trascendencia que la Evangelización representa en las almas de los hombres queremos ser “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida eterna”, como se estableció en la pasada CELAM realizada en Aparecida, Brasil.


ASPECTOS GENERALES

Para la realización de estas misiones es necesario tomar en consideración los siguientes aspectos que han de cumplirse para llevar a cabo una obra de verdadera evangelización durante la Misión:

El Primero y más importante

Antes que los aspectos técnicos, doctrinales e incluso formativos, el primer aspecto a considerar, principalmente en los responsables y coordinadores de Misiones, es el acercamiento a Dios mediante la Vida de Gracia, pues sabemos que “Nadie da lo que no tiene”, por lo tanto, si queremos llevar a Cristo y su palabra a todos los rincones, debemos estar en profunda comunión con Él.

Asimismo, es indispensable una plena convicción y aceptación de Cristo como Rey en nuestros corazones y guía de cada una de nuestras acciones, ver a María como Reina, Intercesora y Madre, y ser siempre Fieles a nuestra vocación de laicos y a la Iglesia y sus preceptos para poder ser verdadero testimonio de Cristo y su Palabra para aquellos que más lo necesitan.

Del Lugar Misionado

El lugar misionado deberá ser designado por el Obispo de la localidad o, en su defecto, por el Párroco o Sacerdote asesor del movimiento en cada una de las ciudades, ya que debemos adherirnos y contribuir a satisfacer las necesidades que nuestra Iglesia local nos indique por su medio.

De los Equipos de Trabajo

Deberán conformarse equipos mixtos de entre 4 y 6 integrantes para llevar a cabo la misión. Estos equipos deberán integrarse y conocerse para poder realizar un adecuado trabajo en equipo y deberán ser guiados por un coordinador (a) que cuente con la suficiente formación para llevar a cabo la misión con los frutos que Cristo nos pide para los misionados y misioneros.

Estos equipos deben contar con un ministro de la Palabra y un ministro extraordinario de la Eucaristía en caso de ser necesario, aunque lo más recomendable es que el ministerio de la Eucaristía lo realice un sacerdote.

De los Temas para la Evangelización

Parte fundamental de la obra evangelizadora que representa la Misión, son los temas que se imparten a la comunidad, los cuales deberán tener como base el conocimiento y la vivencia de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Además de estos temas, el coordinador general de la misión deberá consultar al el párroco del lugar misionado con el fin de saber sobre qué otros temas es importante instruir y formar a los habitantes de las comunidades a misionar según la necesidad real.  Estos temas, cuales quiera que sean, siempre deberán ser transmitidos con base en la Doctrina de la Iglesia pero con un sentido práctico y cercano a las personas. (Todo lo referente a los temas y la formación en general estará plasmado en el manual de misiones de cada año).
 
De la Preparación Previa

Es muy importante que todos los jóvenes que asistan a la misión, cuenten con una formación previa, especialmente en los ámbitos doctrinal y espiritual que deberá impartirse en el movimiento. Asimismo, deberá formarse a los misioneros en los aspectos humanos  y de liderazgo enfocándose en el sentido y objetivos de la misión, así como en el compromiso y actitud del misionero de Cristo. La preparación previa a la misión deberá incluir un encuentro con Cristo Eucaristía mediante un retiro o una hora santa que permita a los jóvenes llenarse del Espíritu de Dios para poder así transmitirlo en las comunidades misionadas.

Las líneas de formación más claramente definidas se darán cada año en los lineamientos generales para las misiones.

SOBRE EL COORDINADOR GENERAL DE LA MISIÓN EN CADA LOCALIDAD

Los coordinadores del movimiento en cada localidad, serán los responsables de planear, organizar y realizar la Misión, y deberán ser concientes que, igual que todos los misioneros, pero en especial a ellos, el Señor los ha elegido “para que vayan y den fruto, y que ese fruto permanezca”, por lo cual deberá poner especial atención en los siguientes aspectos:

Designar a los coordinadores de los equipos de misiones. Se deberá realizar esto siempre a la luz del Espíritu Santo y contando con la Gracia que Dios confiere a los que viven reconciliados con Él, , tomando en cuenta las virtudes, desempeño, actitudes, espiritualidad, liderazgo, etc. de cada joven,  con el fin de que sea el mejor guía, pues se le encomendarán las almas de los demás miembros del equipo y la responsabilidad de cumplir con la misión cuyo fin principal es evangelizar y dar testimonio de Cristo a quienes más lo necesitan.

Designar a los ministros: de la Palabra y, en su caso, extraordinarios de la Eucaristía. Es de gran trascendencia esta decisión, pues los ministros serán quienes transmitan directamente la palabra e incluso el mismo Cuerpo de Jesús sacramentado, por lo cual, para esta elección debe considerarse principalmente la espiritualidad y vivencia de Cristo en los jóvenes mediante los sacramentos, así como la coherencia de vida, la formación en conocimientos doctrinales y la virtud de la generosidad y caridad para con los demás, pues la evangelización requiere de jóvenes que estén dispuestos a testimoniar el amor de Dios mediante palabras y acciones. Para lograr lo anterior es importante mantenerse en oración constante en especial a María para que interceda y auxilie al momento de elegir a quienes realizaran estos ministerios.

Visitar las comunidades misionadas. Para motivar y conocer la forma en que cada uno de los equipos está trabajando y los resultados que se están produciendo en los misioneros y en los fieles misionados. Es importante que el coordinador general proporcione apoyo, consejo y corrección fraterna a los coordinadores de equipo y, de ser necesario a los misioneros en general, pues la tarea evangelizadora requiere de generosidad manifestada de esta manera, así como de humildad para aceptar los errores y fortaleza para seguir adelante, siempre con Jesús en el corazón.

Adhesión fiel a la Iglesia y su jerarquía. En este aspecto nos referimos a que las decisiones y acciones que emprenda el coordinador general de la misión, deberán ir siempre en concordancia con los mandatos y preceptos de la Iglesia local, cuyo representante será el Párroco u Obispo al cual se deberá obedecer sin perder el carisma que nos distingue como movimiento. Para lograr esto es necesario realizar una evangelización “nueva en su ardor y nueva en sus métodos y en su expresión” para transmitir el mensaje que Jesucristo nos ha dejado en cada uno de los habitantes de las comunidades.

Asegurar la formación de los Coordinadores, Ministros y Misioneros en general. Esta es una tarea y responsabilidad compartida con el Coordinador de Formación de cada localidad,  sin embargo, es necesario que el Coordinador general motive, exija y contribuya para que la formación Doctrinal, Espiritual, Humana y de Liderazgo de cada uno de los que asistirán a la misión, se cumpla de la mejor manera posible, tomando como guía los objetivos que cada año en particular se establezcan para la misión desde la Secretaría Nacional de Formación. Para la formación, y como ya se ha dicho en párrafos anteriores, es primordial fomentar la vida de Gracia y la coherencia de vida.
 
SOBRE DE LOS COORDINADORES DE LOS EQUIPOS DE MISIONES

Los coordinadores de los equipos de misiones, son los responsables directos de los frutos de la misión, pues de ellos depende el buen trabajo y desempeño de su equipo y por lo tanto lograr la Evangelización en las comunidades. Las principales responsabilidades que tiene el coordinador del equipo al ser elegido por el mismo Cristo nuestro Señor, son:

Obtener la formación necesaria en las virtudes. El servicio a Dios y a su Iglesia y la guía de almas como las principales tareas del coordinador del equipo, requieren de una formación adecuada, es por eso que los coordinadores de los equipos misioneros deben ser concientes de que ellos son los primeros responsables de formarse adecuadamente con las herramientas que el Movimiento les proporciona a través de los Coordinadores Locales y el Equipo Nacional y mediante la autoformación. Especial énfasis se ha de poner en la formación Espiritual y de Liderazgo sin descuidar lo Doctrinal y Humano, cultivando las virtudes como la Caridad, el Sacrificio, el Compromiso y sobre todo la Humildad, pues hay que recordar que "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc. 9, 35). Tomando en cuenta también que toda autoridad viene de Dios y que sólo por Él, con Él y en Él, se podrá realizar una labor que rinda los frutos necesarios.

El Coordinador y su equipo. Es indispensable que el coordinador conozca a cada uno de los miembros de su equipo, sus virtudes, habilidades, defectos, etc. al menos en lo básico, pues si bien es cierto que muchos jóvenes nuevos llegan para sumarse al Movimiento para una misión, la comunicación previa y las actividades de formación y trabajo en equipo son indispensables para la integración del mismo. Los integrantes del equipo son almas que el coordinador debe guiar en su tarea durante la misión, y siempre deberá ser conciente de ello, lo cual lo llevará a ser generoso y exigente con cada uno de ellos, de tal manera que puedan “dar hasta que duela” por amor a Cristo. Es por lo tanto importante que el coordinador general de la misión designe los equipos con la suficiente anticipación, de tal manera que el encargado del equipo dedique tiempo suficiente para conocer a sus integrantes, este conocimiento y amistad  contribuirán eficazmente al buen cumplimiento de la misión.

Formar, guiar y corregir. El coordinador es la persona elegida por Dios para llevar a cabo, junto con su equipo, la encomienda de Evangelizar, por lo tanto deberá ocuparse en la formación de los miembros del equipo.

Es claro que todos somos diferentes y Dios nos ha dotado de distintos talentos, sin embargo, es responsabilidad del coordinador que todos los miembros del equipo adquieran la formación básica necesaria para cumplir con la delicada y trascendente labor de evangelizar y testimoniar a Cristo. Es por eso que es indispensable saber guiar a los integrantes del equipo, de tal manera que encuentren el camino que los acerque a Dios y hagan suyo el sentido de la Misión. Asimismo, deberá guiar al equipo en las cuestiones prácticas de acuerdo a su experiencia y a la luz del Espíritu Santo.

Los integrantes deberán tener claro cuál es el objetivo que se persigue con la Misión y adherirse a él de tal manera que los ayude a aumentar el deseo de trabajar por el Reino de Cristo y a crecer como seres humanos y en su Espiritualidad. Nunca la misión debe verse como una mera experiencia sensible y mucho menos de esparcimiento para los misioneros, pues sería egoísta el sólo querer obtener frutos propios. Ante cualquier situación o actitud que no contribuya o muestre una desviación respecto a los fines que se persiguen que, reiterando, son la Evangelización y dar Testimonio de Cristo, es deber del coordinador realizar una corrección fraterna con base en la caridad y generosidad cristianas, asegurándose de que el misionero cumpla con su labor.

Seguramente no todos los miembros del equipo darán frutos de la misma manera ni en la misma cantidad, sin embargo, lo más importante es que cada uno de ellos se comprometa, se esfuerce y trabaje de acuerdo a sus aptitudes y capacidades y sobre todo, que siempre haga esto por el Amor y la Gloria a Dios reflejado en las personas de la comunidad y en sus compañeros.

Asegurar el cumplimiento de la “Doble” Misión. Sabedores de que la Misión es trascendente en los misioneros y en los misionados, la responsabilidad de que esta doble tarea se cumpla es, en segundo término, del coordinador del equipo, pues en primera instancia depende de la Voluntad Divina.

No se debe olvidar que el principal fruto que la misión tiene por objetivo, es llevar  a Cristo, mediante la Evangelización, a la comunidad misionada, y no debe sacrificarse éste por ningún otro. Todo trabajo y acción se enfoca pues, en lograr transmitir a Cristo de muy diversas formas: la Eucaristía, la Palabra, el Testimonio y todas las obras y actitudes durante la Misión, tendrán este objetivo. Así pues, toda actividad, decisión, oración y acción, deberá subordinarse al cumplimiento de la misión que Dios nos ha encomendado.

El segundo fruto que se busca con las misiones es la experiencia y vivencia del amor de Jesús en cada uno de los miembros del equipo, que obtienen al misionar de tal manera que esto los marque de manera positiva y trascendente para su vida, así como la formación individual que incremente en ellos la Espiritualidad y las virtudes, la amistad con los compañeros y la pasión por el trabajo en Cristo. Asimismo se busca que los misioneros se encuentren consigo mismos y vivan una experiencia sensible que los motive a cambiar o mejorar los aspectos negativos de su vida y a mantenerse en trabajo constante por la causa cristiana.

Aunque lograr los frutos descritos anteriormente parecieran tareas distintas y separadas, tienen un punto en común, que es Cristo y su amor, por lo que la Misión debe ser sólo una, cuyo cumplimiento, según la voluntad de Dios, nos entregará como resultados: la Evangelización en los misionados y la alegría, transformación y renovación en los misioneros. En la consecución de estos dos frutos es evidente, y sólo pueden lograrse, con la manifestación y vivencia de Jesús durante la misión a través de nuestra acción.

Ser un verdadero líder evangelizador. El coordinador de cada equipo debe ser un líder católico con deseos de servir, exigir, trabajar, aconsejar, dar ejemplo y transmitir el ardiente deseo de la entrega generosa en el trabajo por compartir la fe y la palabra de Dios. Esto implica que el coordinador sea capaz de dirigir la misión buscando siempre el fin principal, que ya se ha mencionado, adaptándose a las necesidades de la comunidad, las personas e incluso del mismo equipo, para poder realizar un trabajo eficiente y generoso, de tal manera que la obra evangelizadora realmente se realice, esto incluso puede implicar el sacrificar o cambiar las formas características de trabajar de cada coordinador si la Misión así lo requiere. En este sentido es importante no perder el carisma del Movimiento que incluye la vivencia del compromiso, el sacrificio, la amistad, el trabajo y la alegría en Cristo.

Sabiendo que toda autoridad viene de Dios, el coordinador del equipo misionero, debe ser valiente y capaz para afrontar situaciones difíciles, tomar decisiones iluminadas por el Espíritu Santo y dirigir a un puñado de almas teniendo siempre en su mente y en su corazón la misión que Cristo le ha encomendado de evangelizar y dar testimonio en una comunidad.

Tomando en cuenta esta premisa, debemos entonces formar coordinadores capaces de dar una respuesta adecuada  a la necesidad de esta Nueva Evangelización, viviendo el carisma propio de Testimonio y Esperanza, fieles a la Iglesia y sobre todo con un profundo convencimiento y amor a la Misión y su trascendencia que es obra divina.

Casos especiales. De ser necesario, y si esto representa lo mejor para la misión, el coordinador puede decidir separar a aquel miembro del equipo que no contribuya a la misión o la afecte de tal manera que el trabajo realizado no fructifique por esta causa.

Esta decisión debe tomarse siempre pidiendo la luz del Espíritu Santo y la intercesión de María. Sin duda esta es una de las responsabilidades que requieren de gran madurez y conocimiento del verdadero sentido de la Misión por parte del coordinador, lo que apremia más aún la adecuada formación de los jóvenes coordinadores y sobre todo la vivencia de la cercanía de Dios, indispensable para guiar una Misión.

SOBRE LOS MINISTROS ORDINARIOS DE LA PALABRA Y EXTRAORDINARIOS DE LA EUCARISTÍA

Espiritualidad a toda prueba. Con la premisa cierta de que “Nadie da lo que no tiene”, los ministros de la palabra y los ministros extraordinarios de la Eucaristía, deben llevar a Cristo en su corazón para poder transmitirlo a través de la palabra y para ser dignos de suministrarlo en el Santísimo Sacramento. Es por eso que es indispensable que los ministros cuenten con una vida espiritual coherente y a toda prueba, que sean constantes en la oración, perseverantes para la vida de gracia permanente y la contemplación de Cristo y con gran apego a los sacramentos, siendo la Eucaristía un alimento constante de su alma.

Asimismo, el ministro ha de cuidar y fomentar la espiritualidad en el equipo misionero y en toda la comunidad, mediante la oración, sobre todo el rezo del Santo Rosario, la correcta realización de los oficios (tomando como base el manual de misiones del movimiento), el reparto de la comunión, el visiteo y la orientación espiritual hasta donde sus aptitudes se lo permitan y siempre contando con la gracia y la luz del Espíritu Santo.

Dar Testimonio de Cristo. Los ministros son los primeros que deben dar testimonio de Amor y Servicio en Cristo, tanto con el equipo misionero como con todos los habitantes de la comunidad misionada, y son los responsables de que el mensaje evangélico se transmita de forma adecuada, cuidando, junto con el coordinador del equipo misionero, que no se falte a la doctrina de la Iglesia.

Mediante su comportamiento, actitudes y trato con los demás, el ministro debe reflejar que tiene a Jesús en su mente y en su corazón en todo momento, sin caer en excesos que impidan una relación cercana, cordial y sencilla con todos los que le rodean. Ha de cuidar que sus palabras, gestos y expresiones sean coherentes con lo que pretende transmitir, es decir, que sean de un verdadero caballero de Cristo, anteponiendo siempre el respeto, la humildad y el servicio en todos sus actos.

Conocimientos doctrinales. Los ministros, siendo concientes de que Dios los ha elegido como instrumentos suyos, han de ser responsables de su propia formación con la colaboración del Coordinador General de la Misión y del Coordinador del equipo, así como con la ayuda de algún asesor espiritual. La formación de los ministros debe ocupar un lugar especial en la preparación de misiones del movimiento.

Los ministros deberán conocer a fondo los aspectos básicos de la doctrina como lo son los sacramentos, mandamientos, virtudes, pecado, etc. También deberán estar actualizados en lo referente a los mensajes y guías que la Iglesia marca en la actualidad por medio del Papa reinante. Deberán también conocer sobre el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, parte fundamental y guía para la vivencia del sentido de la Semana Santa.

Los ministros extraordinarios de la Eucaristía deberán poner especial cuidado en lo referente al trato y administración del Santísimo Sacramento, para lo cual deberán recibir la preparación adecuada y contar con los instrumentos necesarios para esta tarea (corporal, relicario, etc.).

Virtudes. Un misionero, en especial un ministro de la palabra o de la Eucaristía, debe tener virtudes cristianas que contribuyan al cumplimiento de la tarea que Nuestro Señor le ha encomendado. Entre estas virtudes es importante destacar la Fe, la Caridad, la Humildad, la Fortaleza y el Temor de Dios; los ministros han de cultivarlas y perseverar en ellas mediante la oración, los sacramentos y la formación, para poder transmitirlas y aplicarlas para evangelizar y dar gloria a Dios con cada uno de sus actos y palabras durante la Misión.

SOBRE TODOS LOS MISIONEROS EN GENERAL
 
Espiritualidad. Con la premisa cierta de que “Nadie da lo que no tiene”, los jóvenes misioneros, deben llevar a Cristo en su corazón para poder transmitirlo a los demás con sus acciones durante la Misión. Es por eso que es indispensable tener una vida espiritual coherente, ser constantes en la oración, perseverantes en la vida de gracia permanente y la contemplación de Cristo, así como el apego a los sacramentos, siendo la Eucaristía un alimento constante de su alma.

Asimismo, los misioneros han de cuidar y fomentar su espiritualidad en el lugar misionado mediante el rezo del Santo Rosario, su correcta participación en los oficios, el visiteo y la orientación espiritual hasta donde sus aptitudes se lo permitan; siempre contando con la gracia y la luz del Espíritu Santo.

La participación de los jóvenes en la Misión debe tener como sustento y como fin el dar gloria a Dios mediante el servicio y el amor al prójimo, para lo cual es indispensable la vida espiritual.

Ser Fiel Testimonio de Cristo. Evangelizar implica dar a conocer a Cristo y su palabra a los demás, así como compartir el Amor que Dios nos tiene con aquellos que más lo necesitan. Esto no puede realizarse sólo mediante temas, charlas o reflexiones; la principal herramienta del misionero para la evangelización, es el Testimonio de Cristo, el cual se manifiesta mediante su comportamiento, actitudes, disposición y trabajo durante la misión; todo esto debe tener como sustento el mandamiento del amor al prójimo y el seguimiento fiel a los mandatos del Padre. Así, un misionero debe ser capaz de reflejar a Cristo en sí mismo con su imagen y con cada una de sus palabras y acciones durante la Misión. Este testimonio debe manifestarse en todo momento, tanto con el equipo misionero como con toda la gente de la comunidad misionada.

Quien no es testigo del amor y la misericordia de Cristo a través de su comportamiento de humildad y servicio a los demás, no puede ser llamado misionero, es por eso que es muy importante fomentar la vida espiritual y sobre todo la Eucaristía, pues sólo al estar llenos del amor de Jesús, podremos testimoniarlo a los demás.

Compromiso y Trabajo. Todo misionero debe estar convencido de que ha sido elegido por Dios como instrumento para transmitir su mensaje de amor y salvación a otros; con esta convicción debe generarse el compromiso de trabajar arduamente por cumplir con esta no fácil misión. Así, el misionero sabrá que la Misión no es una mera experiencia personal, ni mucho menos un tiempo de esparcimiento o vacaciones en un lugar diferente.

El misionero debe asumir el compromiso del auténtico cristiano que, motivado por el Amor y la Caridad, quiere cargar la cruz de Cristo y ayudar al prójimo mediante un trabajo constante y generoso que implica  su perseverancia y esfuerzo en cada uno de los aspectos de la Misión, lo cual, con la gracia de Dios, se traducirá en verdaderos frutos de evangelización.

Sacrificio y Entrega generosa. La trascendente tarea de evangelizar, como ya se ha dicho, no es sencilla; es por eso que resulta necesario que los misioneros tengan un corazón dispuesto para ofrecer sacrificios no sólo físicos, sino también espirituales, para cumplir con dicha tarea. Asimismo, la Misión implica una entrega total y generosa en cuerpo y alma para poder transmitir el mensaje y el amor de Cristo en las comunidades misionadas con mejor y mayor eficacia. El misionero tomará como ejemplo a Cristo, que durante su pasión, ofreció todo su dolor y sufrimiento por amor y por la redención de la humanidad; así debemos ofrecer todos nuestros esfuerzos y sacrificios, entregándolos generosamente con el único fin de buscar el bien del prójimo mediante la acción misionera.

Humildad, Servicio y Obediencia. Estas dos virtudes son necesarias para que la misión pueda rendir frutos abundantes, pues la humildad ayuda al misionero a dejarse guiar por Cristo y a obedecer al Coordinador del equipo, quien iluminado por el Espíritu Santo, es la guía terrenal de la Misión.

El misionero debe mostrar estas virtudes con cada una de sus acciones con el equipo y con la gente de la comunidad, en especial mediante el Servicio, dará testimonio de Cristo, quien “No vino a ser servido, sino a servir”. Así, siguiendo este ejemplo, el misionero deberá estar siempre dispuesto a Servir a todos en lo material y en lo espiritual. No es propio de un misionero permitir que las personas de la comunidad lo sirvan, aún cuando estas insistan, el joven debe mostrar su disposición y su deseo de ser el primero en servir a todos por amor y en nombre de Cristo.

Preparación adecuada. Los misioneros deben ser concientes de que transmitir el mensaje de Cristo requiere de una preparación especial tanto espiritual como doctrinal, es entonces indispensable que se comprometan y se esfuercen por obtener los conocimientos y virtudes necesarias para dar testimonio cristiano y sembrar la semilla de la nueva Evangelización en las comunidades a misionar.  La preparación espiritual merece una especial atención y esfuerzo pues teniendo a Cristo nada faltará en la Misión.

Es necesario que el joven asista a las jornadas y retiros de preparación que se impartan y que profundice en su vida espiritual mediante la oración y la Eucaristía.