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Ante las dificultades que atraviesa el país y sobre todo el Distrito Federal, los Jóvenes Católicos nos hemos unido para hacer un llamado a la sociedad y promover un compromiso integral que sea la base para encontrar el camino hacia una ciudad más humana y más plena, con base en los principios contenidos en el siguiente decálogo:
1. Defender y VIVIR la familia
En estos momentos, la familia como base de la sociedad se enfrenta a numerosos ataques provenientes tanto de los grupos y partidos políticos como de los propagandistas de la cultura de la muerte. Ante esta situación resulta indispensable no solo defender a la institución familiar de los atentados en su contra, sino, más aún, VIVIR la familia, acercándonos a nuestros padres, hijos, esposos y hermanos para que cada familia católica sea un ejemplo de convivencia y un reflejo de nuestra gran familia: la Iglesia.
Los Jóvenes católicos no apoyamos y nos manifestamos abiertamente en contra de quien promueva el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parte de las parejas homosexuales.
2. Llevar los valores a la escuela y la oficina
Los valores cristianos, más que solo simples preceptos, son una auténtica forma de vida y por ello debemos ejercerlos no sólo al interior de nuestra familia, sino en todos los ambientes donde nos desarrollemos, especialmente en la escuela y en el lugar de trabajo, donde pasamos la mayor parte de nuestro día en convivencia con los demás.
3. Impulsar la participación social
Como católicos y como ciudadanos no podemos permanecer indolentes ante los graves problemas que enfrenta nuestra sociedad y tampoco podemos pretender resolverlos por nuestra cuenta. Por tanto resulta indispensable el participar junto con la sociedad civil organizada y generar asociaciones y espacios para trabajar unidos y solucionar los problemas de la Ciudad de México y de todo el país.
4. Consolidar la colaboración vecinal
Una de las consecuencias más graves de la cultura individualista en que vivimos es el alejamiento no solo de nuestra familia sino también de nuestros vecinos. Por ello debemos trabajar para consolidar la colaboración vecinal en la solución de los problemas específicos de nuestras colonias, además de hacer de ellas un espacio para la evangelización y la vivencia de los valores.
5. Mantener la alegría y la auténtica Esperanza
Ciertamente nuestra ciudad se enfrenta a un panorama complicado, sin embargo no podemos ceder ante la desesperanza, por el contrario, hemos de recordar siempre que es Dios quien nos da la fuerza y mantener la alegría que surge del amor verdadero. Solo si luchamos con alegría podremos mantenernos a pesar de las dificultades para construir una y mejor ciudad, basada en los valores y principios católicos.
6. Combatir la corrupción
La corrupción es una de las mayores enfermedades que corroe el tejido social, dejando tras de sí un rastro de violencia, muerte y destrucción. Por tanto debemos comprender que la lucha contra este mal no le corresponde exclusivamente a las autoridades sino que, por el contrario, es una tarea común en la que todos debemos participar con la plenitud de nuestros talentos, empezando por el
propio ejemplo de la honestidad en nuestras actividades.
7. Defender la vida
Hoy, como nunca antes, el derecho a la vida ha sido desvirtuado en aras de alcanzar un supuesto “progreso”. En el nombre de la modernidad, los propagandistas de la cultura de la muerte promueven no solo el asesinato impune de niños y ancianos a través del aborto y de la eutanasia, sino que, desprecian permanentemente el valor intrínseco de la vida humana, subyugándolo ante el
dinero, la imagen y el poder.
Haremos cuanto podamos por impulsar la agenda de la defensa de la vida en la Ciudad de México y en el interior de la república y no apoyaremos a cualquier tipo de candidato o partido político que se manifieste o actúe a favor del aborto o la eutanasia. Nadie que es capaz de asesinar a un niño es capaz de gobernar correctamente a México.
8. Promover la cultura del Amor
Vivimos en la era de la información y sin embargo, resulta evidente la falta de cultura, no solo en los sectores más desprotegidos sino incluso en las mal llamadas “élites” de la empresa, el gobierno y los medios de comunicación. Por ello es necesario rescatar a la verdadera cultura como expresión de la belleza del espíritu humano, que enaltece al mundo para acercarlo hacia Dios.
9. Ser parte activa de nuestra Iglesia
No podemos aspirar a ser un elemento de cambio en la sociedad si primero no tomamos un papel activo dentro de nuestra propia Iglesia. No basta con ir a misa cada domingo a ser solo un mueble más, es necesario que participemos con alegría en la santa misa y que vivamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con la consciencia de que somos católicos y, por tanto, hemos de comportarnos como tales.
10. Vivir los Sacramentos y la Oración
Por supuesto, para transformar a nuestras ciudades tenemos que empezar por transformarnos a nosotros mismos y la mejor manera de hacerlo es a través una vida espiritual más sólida, de modo que nuestras actividades sociales sean como la casa construida sobre roca, basada en la fe y la oración. Para ello es indispensable el acercarnos constantemente a los Sacramentos y al Santo
Rosario, viviendo en Gracia de Dios, pues solo así trascenderán nuestros esfuerzos y nos darán también la fuerza necesaria para guardar la castidad.
En los próximos días estaremos dando a conocer ante la ciudadanía y los medios de comunicación las acciones que los organismos sociales agrupados en torno a esta agenda, emprenderemos a nivel local y nacional para impulsar este decálogo, ya que consideramos que la participación cívica y el ejercicio de la ciudadanía católica son herramientas indispensables para la construcción del México del Siglo XXI.
Atentamente.
MOVIMIENTO DIEZ POR MÉXICO
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