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Mensaje del Presidente
Lunes 01 de Febrero de 2010 00:37

Queridos jóvenes peregrinos:

Hemos recorrido miles de kilómetros para llegar a los pies de Cristo Rey, y verlo de frente como muchos de ustedes han manifestado en sus porras durante su caminar.

Al peregrinar hemos manifestado nuestro amor a Cristo Rey, nuestra inquietud de cambiar la ruta de la historia de México, al peregrinar demostramos que México es JOVEN Y CATÓLICO, mostramos que los jóvenes no somos indiferentes al llamado de la Santidad.

Este año, celebramos la 27 Peregrinación Nacional Juvenil al Cerro de Cristo Rey, y además la celebramos tomando de referencia a nuestros guías, al Papa, a nuestros obispos y sacerdotes, mientras caminamos rogamos por las vocaciones sacerdotales, celebramos el Año sacerdotal.

 
Este año vemos como necesidad urgente e importante la reconciliación de nuestro México, la paz que anhelamos para hacer una nueva historia, la cual visualizamos como un mejor lugar para vivir .

Podríamos preguntarnos ¿Cómo aspirar a un mundo así, cuando la violencia impera, el poder trasgrede y los intereses mezquinos de algunos que trabajan continuamente para destruir nuestra identidad cristiana y católica?

Hoy, en efecto, es urgente e indispensable contrarrestar con la vivencia y la defensa de los verdaderos valores que sólo conducen al aislamiento, a la soledad, a la frustración, al vacío y a la muerte.

Por ello nuestro lema: 2010: Reconciliación, paz y una nueva historia. La historia exige una paz verdadera, una paz fundada en el amor al prójimo y la reconciliación constante, para un nuevo comienzo, queremos encontrar una auténtica libertad, y acabar con las actuales esclavitudes: el hedonismo, el materialismo, la violencia, las drogas, la mentira, el relativismo, entre otras, que no nos permiten tener una Reconciliación personal, social e histórica para construir la Paz en México.


El 2010 debe ser un parte aguas para nuestra nación, debe ser un año marcado por los cambios trascendentes, cambios que solo serán reales en la medida que cada uno de los aquí presentes estemos dispuestos a dejar una huella profunda lograda con nuestro
testimonio de vida.


Regresemos pues a nuestras localidades con la firme convicción de podemos ser forjadores de una nueva historia llevando a reinar a Cristo a todos nuestros ambientes.

¡Viva Cristo Rey!