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¿Qué es ir de Misiones en Semana Santa?
Escrito por Luis Pimentel   
Domingo 28 de Febrero de 2010 00:23

El movimiento Testimonio y Esperanza, en congruencia con su misión de contribuir en la construcción de la Civilización del Amor y de ser Juventud Evangelizadora, tiene como una de sus actividades principales, las Misiones de Semana Santa; a través de ellas queremos manifestar nuestra unión con la Iglesia, sumándonos a la ardua tarea de dar a conocer y compartir el mensaje evangélico así como el amor de Cristo consumado en la cruz, siendo de esta manera una herramienta que acerque a misioneros y misionados a la Salvación y que pueda contribuir a la construcción de una sociedad más justa y más humana en nuestro querido México.

 
Así, para la Misión 2010 queremos inspirarnos en el llamado que su Santidad Benedicto XVI nos hace con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones y de su mensaje para la cuaresma 2010, que nos invita particularmente a comprometernos y transmitir a los demás los valores del Amor, la Fe y la Justicia, teniendo siempre a Cristo como fundamento. Queremos ser Testimonio de Esperanza para aquellos a quienes visitemos, especialmente en los más necesitados, transmitiendo con alegría el mensaje de Cristo en cada rincón donde sea necesaria la presencia de Juventud Evangelizadora, sumándonos a la Iglesia local en colaboración con nuestras diócesis.

LA MISIÓN 2010

En Junio de 2009, S.S. Benedicto XVI exhortó con motivo de la Jornada Universal de Misiones, y recientemente publicó su mensaje para la cuaresma 2010. En estas exhortaciones hemos encontrado el fundamento para nuestra acción en la Misión 2010, escuchando el llamado del Papa en dos aspectos fundamentales: Transmitir la esperanza del Evangelio a todos los pueblos y Manifestar la Justicia de Dios mediante la Fe en Cristo y el Amor al prójimo.

 

Llamados a Anunciar y Testimoniar el Mensaje de Cristo

A continuación presentamos algunos extractos del mensaje de S.S. Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, y que hemos tomado como un llamado personal para este 2010:

Cada uno debe reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), a efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.

Nos llama a ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1).

La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros un compromiso impostergable y primario.

De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo.

Es necesario reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que incluso antes de ser acción es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26).

Manifestar la Justicia de Dios con Amor y Fe

Como fundamento de esta misión 2010, presentamos también a continuación un extracto del Mensaje del Papa para la Cuaresma:

Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle.

Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia.

La justicia de Cristo es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

…la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Nuestro lema para la Misión

Con base en lo anterior y convencidos de que hoy más qué nunca necesitamos que la Justicia de Dios que se manifieste por la fe en Jesucristo, hemos elegido el siguiente lema para nuestra Misión 2010: “Con Amor y Fe, manifestemos la Justicia de Dios”

Esperamos y trabajaremos por hacer vida este lema no sólo durante la misión sino en toda nuestra vida a partir de ahora.